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Reflexiones

Tony de Mello nos cuenta la historia de un pececito que andaba buscando desesperadamente el océano. Lo buscaba y lo buscaba por todas partes pero no lo encontraba. Incluso empezó a dudar de su existencia pues había oído que muchos peces sabios decían que no existía, que era tan sólo un invento de los peces anteriores mucho más ignorantes que ellos.

             Un día, se encontró con un pez muy viejo y venerable y le dijo:

             -Sin duda que usted podrá ayudarme. Dígame, ¿dónde puedo encontrar el océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado.

             -El océano –respondió el viejo- es todo esto: donde nadas, buscas, vives. Fuera del oceáno estarías muerto.

Hace muchísimos años, cuando todas las cosas tenían vida e incluso hablaban, el sol y el viento se pusieron a discutir sobre cuál de los dos era más fuerte.

 La discusión fue subiendo de tono, pues cada uno de ellos estaba super convencido de su superior fortaleza. Estando en plena pelea, vieron que, debajo de ellos, caminaba plácidamente un hombre y decidieron probar con él sus fuerzas.

             -Vas a ver cómo me lanzo contra él –dijo el viento-, y le quito el abrigo.

             Dicho esto, el viento comenzó a soplar con todas sus fuerzas. El hombre, al sentir contra su cuerpo los manotazos del viento, dobló los brazos sobre el abrigo para protegerse mejor y se alejó apresuradamente maldiciendo.

Rodrigo estaba haciendo fila para poder ir al aeropuerto. Cuando un taxista se acercó, lo primero que notó fue que el taxi estaba limpio y brillante. El chofer bien vestido con una camisa blanca, corbata negra y pantalones negros muy bien planchados, el taxista salio del auto dio la vuelta y le abrió la puerta trasera del taxi.   

Le alcanzo un cartón plastificado y le dijo: yo soy Willy, su chofer. Mientras pongo su maleta en el portaequipaje me gustaría que lea mi Misión. 

Después de sentarse, Rodrigo leyó la tarjeta: Misión de Willy: "Hacer llegar a mis clientes a su destino final de la manera mas rápida, segura y económica posible brindándole un ambiente amigable" 

Rodrigo quedo impactado. Especialmente cuando se dio cuenta que el interior del taxi estaba igual que el exterior, ¡¡limpio sin una mancha!!   

Tarde te amé, belleza infinita tarde te amé, tarde te amé belleza siempre antigua y siempre nueva! Y supe, Señor que estabas en mi alma y yo estaba fuera, así te buscaba mirando la belleza de lo creado.

¡Tarde te amé belleza infinita, tarde te amé, tarde te amé, belleza siempre antigua y siempre nueva!. Señor tú me llamaste, tu voz a mi llegó, curando mi sordera con tu luz brillaste cambiando mi ceguera en un resplandor, ¡Tarde te amé belleza infinita, tarde te amé, tarde te amé, belleza siempre antigua y siempre nueva!.

Tú estabas conmigo, mas yo buscaba fuera y no te encontraba, era un prisionero de tus criaturas, lejos de Ti. ¡Tarde te amé belleza infinita, tarde te amé, tarde te amé, belleza siempre antigua y siempre nueva!.

 Hasta mí, ha llegado el aroma de tu gracia, por fin respiré, Señor yo te he buscado, siento hambre y sed, ansío tu paz. ¡Tarde te amé belleza infinita, tarde te amé, tarde te amé, belleza siempre antigua y siempre nueva!.

  San Agustín

 

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”. Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda.

Yo he sentido, Señor, tu voz amante, en el misterio de las noches bellas, y en el suave temblor de las estrellas la armonía gocé de tu semblante. No me llegó tu acento amenazante entre el fragor de trueno y de centellas; al ánima llamaron tus querellas como el tenue vagido de un infante. ¿Por qué no obedecí cuando te oía? ¿Quién me hizo abandonar tu franca vía y hundirme en las tinieblas del vacío? Haz, mi dulce Señor, que en la serena noche vuelva a escuchar tu cantilena; ¡ya no seré cobarde, Padre mío! Amén.

Señor, cómo quisiera en cada aurora aprisionar el día, y ser tu primavera en gracia y alegría, y crecer en tu amor más todavía. En cada madrugada abrir mi pobre casa, abrir la puerta, el alma enamorada, el corazón alerta, y conmigo tu mano siempre abierta.

Ya despierta la vida con su canción de ruidos inhumanos; y tu amor me convida a levantar mis manos y a acariciarte en todos mis hermanos. Hoy elevo mi canto con toda la ternura de mi boca, al que es tres veces santo, a ti que eres mi Roca en quien mi vida toda desemboca. Amén.

Como una flor, asi me has hecho Señor. Me has hecho tan frágil, tan sencillo, tan pequeño y al mismo tiempo tan grande. Tu te has lucido con mi creación porque desde cada parte de mi cuerpo por pequeña que sea, tu estás ahí. Te has empeñado en hacerme frágil, sencillo y pequeño quizás para que vea tu grandeza. Desde mi pequeñez puedo ver lo grande que me has hecho Señor.

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