Calendario del Mes  

« Marzo 2017 »
Lun Mar Mier Jue Vie Sáb Dom
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    
   
Reflexiones de Vida

Bienaventurado el misionero

que vive enamorado de Cristo, que se fía de Él como lo más necesario y absoluto, porque no quedará defraudado.

Bienaventurado el misionero

que cada mañana dice "Padre Nuestro", llevando en su corazón todas las razas, pueblos y lenguas, porque no se conformará con una vida mezquina.

Bienaventurado el misionero

que mantiene su ideal e ilusión por el Reino y no pierde el tiempo en cosas accidentales, porque Dios acompaña a los que siguen su ritmo.

Cuenta una antigua leyenda Noruega, acerca de un hombre llamado Haakon, quien cuidaba una Ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción. En esta ermita había una cruz muy antigua. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro.

Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor a Cristo crucificado, impulsado por un sentimiento generoso. Se arrodillo ante la cruz y dijo:

- Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz y se quedó fijo con la mirada puesta en la Efigie, como esperando la respuesta.

Esa noche vi a un camión aproximarse lleno de árboles de navidad, el conductor un hombre maduro, los puso al centro de la plaza y comenzó a venderlos.

Les colgó algunas luces, y clavó un letrero con un clavo "Árboles Frescos de Navidad" decía en Rojo: "Se venden Árboles Frescos de Navidad".

Él se sirvió chocolate caliente, de un termo aún humeante, y los copos de nieve comenzaron a caer, mientras un carro familiar se acercó hacia él y paro.

Una mama, un Papa y un pequeño niño, que no podría tener más de tres años, salto del coche y comenzó a buscar el árbol de navidad perfecto.

Érase una vez un país muy lejano, hace muchos años, en el que… No, empecemos de nuevo. Érase un barrio nuevo de Madrid, en las Navidades de 1988. Érase una moderna autopista que dividía el barrio en dos partes. En una, se alineaban unos bloques de pisos blancos, de modernísima construcción, todos con sus antenas de televisión en color. En la otra, había un conjunto de chabolas.

Era la noche del 24 de diciembre. Por la calle no se veía a nadie, porque todos se disponían a cenar.

En casa de los señores… Bueno, ¿qué importa el nombre? El caso es que vivían en los pisos blancos, y estaban a punto de empezar a cenar. La madre preparaba la vajilla. Junto a la mesa había tres niños agachados que rodeaban un hermoso nacimiento.

-¡Mamá! –gritó Mari Carmen, la pequeña de la casa, que tenía siete años- ¡Mira que bonito es el Niño Jesús! Lo hemos comprado esta mañana. Tiene la carita dorada.

En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés. Uno pregunta al otro:

- ¿Tú crees en la vida después del parto?

- Claro que sí. Algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que seremos más tarde.

- ¡Tonterías! No hay vida después del parto. ¿Cómo sería esa vida?

- No lo sé pero seguramente... habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca.

- ¡Eso es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por donde nos alimentamos. Yo te digo una cosa: la vida después del parto está excluida. El cordón umbilical es demasiado corto.

Un hombre susurró: Dios habla conmigo. Y un ruiseñor comenzó a cantar. Pero el hombre no oyó. ¡Entonces el hombre repitió:

Dios, habla conmigo!

Y el eco de un trueno, se oyó, más el hombre fue incapaz de oír. El hombre miró en rededor y dijo:

Dios, déjame verte y una estrella brilló en el cielo pero el hombre no la vió. El hombre comenzó a gritar:

Dios, muéstrame un milagro. Y un niño nació más el hombre no sintió el latir de la vida. Entonces el hombre comenzó a llorar y a desesperarse:

Dios, tócame y déjame saber que estás aquí conmigo. Y una mariposa se posó suavemente en su hombro, el hombre espantó la mariposa con la mano y desilusionado continuó su camino, triste, solo y con miedo. Hasta cuándo tenemos que sufrir para comprender que Dios está siempre donde está la vida?

Algunas veces las personas llegan a nuestras vidas y rápidamente nos damos cuenta de que esto pasa porque debe de ser así para servir un propósito, para enseñar una lección, para descubrir quiénes somos en realidad, para enseñarnos lo que deseamos alcanzar.  

Tú no sabes quienes son estas personas, pero cuando fijas tu ojos en ellos sabes y comprendes que ellos afectarán tu vida de una manera profunda.  

Algunas veces te pasan cosas que parecen horribles, dolorosas e injustas, pero en realidad entiendes que si no superas estas cosas nunca hubieras realizado tu potencial, tu fuerza, o el poder de tu corazón. Todo pasa por una razón en la vida. Nada sucede por casualidad o por la suerte... enfermedades, heridas, el amor, momentos perdidos de grandeza o de puras tonterias, todo ocurre para probar los límites de tu alma.

Amarte tanto Señor

que no pueda pensar

ni razonar.

Amarte tanto Señor

que mi corazón palpite

sin parar.

   
© 2012-2016 Creciendo con Jesús-Todos los Derechos Reservados

Síguenos!!!

f    www.twiter.com  www.youtube.com