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Reflexiones de Vida

El Evangelio de hoy no necesita ex­plicaciones: no juzguen, sean compa­sivos, perdonen. Retos difíciles que se nos proponen, pero que implican nuestra única posibilidad de retomar las relaciones con la gente que nos rodea, en el lugar donde una herida o un hecho nos dejó congelados en el medio del camino, o donde nosotros dejamos a otros.Tomemos conciencia de las veces que hemos juzgado injustamente: al­guien dice algo y nos sentimos ata­cados; alguien intenta ser mejor per­sona y nos parece hipócrita. Hemos hecho daño a los demás sin damos cuenta. Es necesario entrar en lo pro­fundo de nosotros mismos y vemos como somos, sabiendo que Dios nos ama a nosotros y también ama a los demás como son.Intentemos arrepentimos sincera­mente de lo que hemos hecho, de lo que hemos dicho, del modo en que hemos juzgado a los otros. Pidamos a Dios el deseo de restaurar relaciones rotas no para que vuelvan a donde antes estaban sino para que se colo­quen donde Dios quiere colocarlas. Es necesario que los “ex” se miren con compasión, sin juzgar y perdo­nando a sus “ex” para que aun en la ruptura pueda haber para los hijos esa sensación de familia tan necesaria para la felicidad. Es necesario que los padres perdonen a los hijos, y que los hijos perdonen a los padres por las palabras que se han dicho, por las au­sencias que han herido. Tenemos que pedir a Dios que nos deje ver al otro como Dios los mira: con compasión.

Una vez iba un hombre en su auto por una larga y muy solitaria carretera cuando de pronto su auto comenzó a detenerse hasta quedar estático. El hombre bajó, lo revisó, trató de averiguar qué era lo que tenía.

Pensaba que pronto podría encontrar el desperfecto que tenía su auto pues hacía muchos años que lo conducía; sin embargo, después de mucho rato se dio cuenta de que no encontraba la falla del motor.

En ese momento apareció otro auto, del cual bajó un señor a ofrecerle ayuda. El dueño del primer auto dijo: Mira este es mi auto de toda la vida, lo conozco como la palma de mi mano. No creo que tú sin ser el dueño puedas o sepas hacer algo.

El otro hombre insistió con una cierta sonrisa, hasta que finalmente el primer hombre dijo:

Está bien, haz el intento, pero no creo que puedas, pues este es mi auto.

Señor, haz lo que quieras de mi. A pesar de que soy un simple ser humano, lo único que sé es que sin ti nada soy. Que contigo todo lo que venga es nada. Que no me hacen falta los placeres de éste mundo, que la vida de ninguna manera tiene sentido si tu no estás ahí. Señor, renueva mi alma entera, haz de mí un ser nuevo. Borra toda malicia en mi y hazme un corazón puro, más blanco que la nieve. Ayúdame a soportar la iniquidad de las personas, no permitas que ellas en su afán de poder y de realizar sus caprichos puedan influir en la historia de salvación que tienes para mi. Señor, no me abandones nunca, ayúdame a entender que eres tu que llevas mi vida. Ayúdame a soportar como soportaste tu en la cruz, mira que solo soy un muchacho. Señor, hoy es un buen día para que te glorifiques en mi. Bendito seas por siempre Señor.

El emperador francés Napoleón engullía con sus ejércitos a los países de Europa con la intención final de dominar totalmente el mundo. En aquel entonces dijo una vez al Cardenal Consalvi:

"Voy a destruir su Iglesia" El Cardenal le contestó: "No, no podrá".

Napoleón, con sus 150 cm. de altura, dijo otra vez: "¡Voy a destruir su Iglesia!"

El Cardenal dijo confiado: "No, no podrá. !Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo!"

Si los malos Papas, los sacerdotes infieles y miles de pecadores en la Iglesia no han tenido éxito en destruirla desde su interior -le estaba diciendo implícitamente al general- ¿cómo cree que Ud. va a poder hacerlo?

PD: Así de misteriosos son los designios de Dios, por eso animo! el Señor tiene grandes cosas para nosotros.

Había una vez un rey que tenía cuatro esposas. Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás y la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas. Sólo le daba lo mejor.

También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.

También amaba a su segunda esposa. Ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles.

La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca.

Juan trabajaba en una planta distribuidora de carne. Un día, terminando su horario de trabajo, fue a uno de los refrigeradores para inspeccionar algo; en ese momento se cerró la puerta, se bajó el seguro y quedó atrapado dentro.

Aunque golpeó la puerta fuertemente y comenzó a gritar, nadie pudo escucharlo.

La mayoría de los trabajadores habían partido a sus casas, y fuera del refrigerador era imposible escuchar lo que ocurría dentro.

Cinco horas después, y al borde de la muerte, alguien abrió la puerta. Era el guardia de seguridad que entró y lo rescato.

Juan preguntó a su salvador como se le ocurrió abrir esa puerta si no era parte de su rutina de trabajo, y él le explicó:

"Llevo trabajando en ésta empresa 35 años; cientos de trabajadores entran a la planta cada día, pero tú eres el único que me saluda en la mañana y se despide de mí en las tardes. El resto de los trabajadores me tratan como si fuera invisible.

Hoy, como todos los días, me dijiste tu simple "Hola" a la entrada, pero nunca escuché el "Hasta mañana".

Un niño muy educado y formal subió a un avión, buscó su asiento y se sentó. El niño abrió su libro de pintar y empezó a colorearlo. No presentaba rasgos de ansiedad ni nerviosismo al despegar el avión.

Durante un buen rato, hubo tormenta y mucha turbulencia. En un determinado momento hubo una sacudida fuerte, y todos estaban muy nerviosos, pero el niño mantuvo su calma y serenidad en todo momento.

¿Cómo lo hacia?, ¿Por qué estaba tan calmado? Una mujer frenética le preguntó:

Niño: ¿no tienes miedo?

No señora-, contestó el niño y mirando su libro de pintar le dijo: "Mi padre es el piloto".

Señor tu eres mi refugio, el lugar a donde voy cuando no tengo a donde ir. Eres el aliento que me ayuda a seguir y que me dice que no estoy solo. Cuando menos lo espero ahí estás tú, dándome tu apoyo incondicional, haciéndome ver tu grandeza y enseñándome a esperar en ti.

Cada día que pasa grito y gimo pero tu estás conmigo. Nunca pensé que amarte me libraría de todas mis penas. Nunca pensé que confiar en ti me daría toda la fuerza que necesito para aguantarlo todo y seguir hacia adelante.

Eres mi sostén y mi fuerza. Eres mi alegría y mi razón de vivir. Eres la llama ardiente que enciende mi ser.

CAVP. 

   
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