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Familia

Hablar de los valores es una cosa, pero vivirlos es otra historia. ¿Realmente es tan difícil? La respuesta es no. Requiere cierto esfuerzo, concentración y perseverancia, pero no es tan difícil. Con algunos pasos simples podrás lograr que tu vida, tus acciones y la sociedad tengan como columna vertebral a los valores.

Paso 1. Conocer su importancia

¿Suena elemental? Pues no lo es. El primer paso para vivir los valores es la conciencia de los importantes que son. Una sociedad basada en individuos con valores es la llave para una convivencia más sana. Las leyes civiles no son suficientes. En ellas se establece solo lo elemental para asegurar una convivencia medianamente decente, sin embargo no es suficiente con solo "cumplir la ley". Los valores van mucho más allá de cumplir el reglamento de tránsito, van a la raíz de las cosas. Por ejemplo, el reglamento dice que no puedes pasar una luz roja en el semáforo (bastante elemental para no matarse), sin embargo no dice que en un atasco de tráfico el cederle el paso a una persona es algo amable, que hace que todos estemos más contentos y que incluso puede ahorrarnos un percance.

No me des todo lo que te pida. A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo tomar.

No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.

No des siempre órdenes. Si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.

Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio dámelo; pero también si es castigo.

No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si tú me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir; y sí me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufra.

Es natural que los jóvenes y los mayores vean las cosas de distinto modo. Lo que sería extraño es que un adolescente y una persona madura pensaran de idéntica manera.

La educación no es empeñarse en que nuestros hijos sean como Einstein, o como ese genio de las finanzas, o como aquella princesa que sale en las revistas. Tampoco es el destino de los chicos llegar a ser lo que nosotros fuimos incapaces de alcanzar, ni hacer esa espléndida carrera que tanto nos gusta... a nosotros. No. Son ellos mismos.

Una labor de artesanía

Tener un proyecto educativo no significa meter a los hijos en un molde a presión. La verdadera labor del educador es mucho más creativa: es como descubrir una fina escultura dentro de un bloque de mármol, quitando lo que sobra, limando asperezas y mejorando detalles. 

«La educación no crea al hombre, le ayuda a crearse a sí mismo» (M. Debesse) Las ideas transforman el mundo, pero es necesario tener valentía para ponerlas en práctica. No basta que los educadores sepan lo que ha de hacerse si no se comprometen en el servicio al educando. Por eso queremos que el curso que ahora iniciamos sirva para clarificar las ideas y alentar en la acción. Vaya por delante el avance del esquema con las líneas maestras que nos van a servir de guía:

I. Como Educadores necesitamos: - Saber lo que pretendemos: claridad de objetivos y fines. - Conocer al educando: en su desarrollo y en su mundo. - Conocernos a nosotros mismos: motivaciones, habilidades...

II. Educamos en relación interpersonal: influjo sobre el niño. FAMILIA - ESCUELA - SOCIEDAD

III. Buscamos los medios más idóneos: morales e instrumentales. Todo el mundo parece entender en qué consiste educar, pero lo cierto es, que en pocas actividades humanas se han acumulado tantas contradicciones como en ella.

Padres buenos hay muchos, buenos padres hay pocos. No creo que haya cosa más difícil que ser un buen padre. En cambio no es difícil ser un padre bueno. Un corazón blando basta para ser un padre bueno; en cambio la voluntad más fuerte y la cabeza más clara son todavía poco para ser un buen padre.

El padre bueno quiere sin pensar, el buen padre piensa para querer. El buen padre dice que sí cuando es sí, y no cuando es no; el padre bueno sólo sabe decir que sí. El padre bueno hace del niño un pequeño dios que acaba en un pequeño demonio. El buen padre no hace ídolos; vive la presencia del único Dios.

El buen padre echa a volar la fantasía de su hijo dejándole crear un aeroplano con dos maderas viejas. El padre bueno moldea la voluntad de su hijo ahorrándole esfuerzos y responsabilidades.

Con los teléfonos inteligentes, los controles que los padres imponen en internet para evitar que sus hijos accedan a páginas prohibidas o sean contactados por adultos abusivos pueden resultar inútiles.

Otro de los riesgos que corren los menores con estos dispositivos es convertirse en víctimas del acoso escolar -que en ocasiones adquiere la forma de mensajes de teléfono o de presión en redes sociales- las 24 horas del día.

Ahora, una compañía británica presentó un nuevo tipo de tarjeta SIM que permitirá a los padres controlar remotamente desde sus computadores los teléfonos móviles de sus hijos.

Esta tarjeta se instala en el teléfono del niño y los padres pueden utilizarla para evitar que pueda conectarse a internet, enviar textos o hacer llamadas a determinadas horas. A diferencia de una aplicación, el menor no puede evadirse de este sistema de control.

Hoy, en muchas de nuestras familias, ya no se reza. Y empiezan las justificaciones: nos da pena proponer a la familia; la oración parece algo forzado, artificial, no nos sale dentro; los hijos son demasiado pequeños o demasiado crecidos... Sin embargo, la oración en familia es hoy posible. El primer paso lo tiene quedar la pareja aprendiendo a orar ellos juntos. Una oración en pareja, sencilla, normal, sin demasiadas complicaciones, hace bien a la pareja creyente y es la base para asegurar la oración en los hijos. 

Provocar el ambiente apropiado 

La oración en familia pide un cierto clima. Algunas familias llegan a reservar en la casa un lugar o "rincón de oración" especialmente destinado para orar, como expresión de que se le deja a Dios un sitio en la casa. Es un rincón preparado con alguna Biblia, un Cirio, alguna planta, que se puede adornar de manera apropiado en algunos tiempos litúrgicos. 

Mi hijo nació hace pocos días,llegó a este mundo de una manera normal.

Pero yo tenía que viajar, tenía tantos compromisos... Mi hijo aprendió a comer cuando menos lo esperaba. Comenzó a hablar cuando yo no estaba.

¡Cómo crece mi hijo de rápido! ¡Cómo pasa el tiempo!

Mi hijo, a medida que crecía, me decía:

"Papá , algún día seré como tú". ¿Cuándo regresas a casa, Papá ?"

"No lo se, hijo. Pero cuando regrese jugaremos juntos... ya lo verás." Mi hijo cumplió diez años hace pocos días, y me dijo: "Gracias por la pelota, papá. ¿quieres jugar conmigo?"

"Hoy no, Hijo... Tengo mucho que hacer". "Está bien, Papá. Será otro día", y se fue sonriendo; siempre en sus labios las palabras "yo quiero ser como tú".

   
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