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Familia

Una de las virtudes-defecto más cuestionables: el perfeccionismo. Virtud, porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna vez.

He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden.

Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes con quienes no son como ellos. Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino.

Algunas veces parece que tu niño tiene un millón de juguetes dispersos por toda la casa. Y muchísimas veces te habrá preguntado a ti misma qué hacer para que tu hijo aprenda a guardar sus juguetes, zapatos, etc. Es muy fácil frustrarse con la batalla interminable de quien recogerá los juguetes, si tu o tu niño.

Guiadelniño.com encontró algunas ideas, que te ayudará en la difícil tarea de hacer con que tu hijo recoja sus juguetes.

1- Señale un lugar para guardar juguetes considerando la estatura de tu niño

2- Trabaje con tu niño. Empiece cuando tu niño es aún muy pequeño, así él tendrá el hábito de guardar los juguetes al final del día.

No se pueden eliminar todos los miedos, y algunos miedos pueden ser utilizados positivamente, tales como el miedo a los carros en una calle con mucho tráfico. Sin embargo, necesitamos ayudar a los niños a entender sus sentimientos de miedo. Las investigaciones muestran que los miedos aparecen y desaparecen de manera similar en todos los niños. Cada nueva etapa brinda sus propias características de miedo. Conforme los niños cambian de edad, asi también cambia el miedo. Los niños pequeños tienen miedo a ruidos fuertes, personas y objetos extraños. Pero estos miedos tambien permiten que los niños comiencen a entender el ambiente que los rodea y se sientan mas confiados en su habilidad de luchar contra el miedo. El miedo a la muerte, miedo a la obscuridad, miedo a ser ridiculizado, miedo a ladrones y monstruos son típicos en niños de 3 a 6 años.

Practicar ciertos hábitos como dar las gracias o ser amable con los demás puede constituir la clave para tener una vida más feliz y para relativizar las preocupaciones cotidianas.

Así lo aplica la teoría de la Psicología Positiva que pone en práctica la profesora de la Universidad de Valladolid Begoña García Larrauri. Esta reciente rama de la psicología mantiene que determinados comportamientos como el humor motiva un estilo de vida más feliz, ha explicado a Efe, Begoña García.

La antipatía y el mal humor “son contagiosos”, del mismo modo que la amabilidad y el buen humor, pero es este último caso el que se convierte en una fuente de satisfacción y de energía que se refleja en los demás si el interlocutor la práctica, por lo que García Larrauri propone que optemos por los rasgos positivos.

La libertad es la adecuada gestión de las ganas, y unas veces habrá que seguirlas y otras no.

José Antonio Marina

La autoridad se conquista mereciéndola

La autoridad puede depender mucho del temperamento, de la forma de ser de cada uno. No obstante, puede adquirirse, mejorarse o perderse conforme a normas seguras que conviene conocer.

Cuando a un padre o a una madre, o a un profesor, no le obedecen en condiciones normales, claro está, la falta no está de ordinario en los chicos, sino en quien manda. Repetir órdenes sin resultado, intervenir constantemente, mostrar aire dubitativo o falta de convicción y seguridad en lo que se dice, son las causas más habituales de la pérdida de autoridad.

No ha de confundirse autoridad con autoritarismo. La dictadura familiar requiere poco talento, pero es mala estrategia. Ser autoritario no otorga autoridad. Hay quien piensa que el éxito está en que jamás le rechisten una orden. Pero eso es confundir la sumisión absoluta de los hijos con lo que es verdadera autoridad, no saber distinguir entre poder y autoridad.

He aquí una frase que oí el otro día a una persona muy agradable e inteligente, y que cientos de veces he oído a cientos de personas. Una joven madre me dijo: "No quiero enseñarle ninguna religión a mi hijo. No quiero influir sobre él; quiero que la elija por sí mismo cuando sea mayor".

Ése es un ejemplo muy común de un argumento corriente, que frecuentemente se repite, y que, sin embargo, nunca se aplica verdaderamente. Por supuesto que la madre siempre estará influyendo sobre su hijo. De la misma manera, la madre podría haber dicho: "espero que escogerá sus propios amigos cuando crezca; por eso no quiero presentarle ni a primas ni a primos".

Pero la persona adulta en ningún caso puede escaparse a la responsabilidad de influir sobre el niño; ni siquiera cuando se impone la enorme responsabilidad de no hacerlo. La madre puede educar al hijo sin elegirle una religión; pero no sin elegirle un medio ambiente. Si ella opta por dejar a un lado la religión, está escogiendo ya el medio ambiente; y además, un medio ambiente funesto y contranatural.

En ocasiones los profesores nos dejamos llevar de simpatías y antipatías. Menos de lo que parece, pero ocurre; y suele ser un síntoma de los que comienzan en la profesión o de los que no han alcanzado madurez profesional. En una clase con veinticinco o treinta alumnos hay una gran variedad de situaciones y suelen darse tres o cuatro alumnos revoltosos, buenos o malos estudiantes, y que suelen ser corregidos con frecuencia.

Ahora está de moda entre los pedagogos hablar de alumnos hipercinéticos, es decir lo que siempre se ha llamado movidos.

Los alumnos o alumnas que al comenzar la primaria querían enormemente a su profesor o profesora al llegar a cuarto o quinto se comienzan a distanciar, el juicio sobre sus profesores comienza a ser crítico y ya no les parece necesariamente bien todo lo que hace o dice. Es una reacción lógica, propia de la evolución psicológica, y que anuncia lo que se acentuará con la adolescencia.

Hace unos años, en un estudio realizado en México, todas las personas que participaron en grupos de trabajo por todo el país, coincidieron en señalar que para ellos el valor principal que justifica cualquier sacrificio es tener una "familia unida" donde reine el amor.

Sin embargo, en el mismo estudio también se constató que la mayoría de las personas vive en un modelo de "familia junta" donde las relaciones se entablan en función de la utilidad y los intereses personales, y no sobre la base del amor. Incluso algunos, no pocos, reconocían que vivían una situación de "familia rota", donde de hecho ya no había prácticamente ninguna relación. Muchos afirmaban que del amor al rencor, la mayoría de las veces hay un pequeño paso y basta un suceso insignificante para destruir todo lo que parecía haberse construido en mucho tiempo.

Quizás estas observaciones de campo sirven para apoyar una idea que actualmente circula por todas partes: la familia está en crisis. Todo el mundo lo dice, pero ¿en qué consiste la crisis de la familia?

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